Carta de lectores – 3 de junio de 2026
Señor Director:
Como vecina de San Martín de los Andes, veo con mucha preocupación cómo las autoridades pretenden dibujar el futuro de nuestra ciudad ignorando una realidad que ya no se puede esconder. No es una opinión: lo dicen los papeles y la desidia de todos los días. El pasado 22 de abril presenté una nota formal para conocer el estado de las plantas de tratamiento.
La Cooperativa de Agua recién respondió el 12 de mayo, con un informe claro y sin ocultamientos, donde advierte de forma categórica que el sistema está al límite y que ya se están usando bypass cloacales. En cuanto se hizo pública esa respuesta, el Ejecutivo municipal se llamó a un silencio absoluto: durante siete días nadie desmintió nada ni acusó recibo, hasta que lo intimé formalmente para que declarara la emergencia ambiental. Recién ahí, al verse acorralados, empezó el desfile de micrófonos, comunicados y desmentidas, hasta terminar intimando también a Parques Nacionales, a la Defensoría del Pueblo y a Medioambiente. La conclusión es triste pero clara: si los vecinos no nos movemos, acá no pasa nada.
Y lo más grave es que esto no nació la semana pasada. La propia Cooperativa reconoce en su sitio oficial que la red cloacal nunca llegó a cubrir ni el 30 % de la ciudad, y que desde comienzos de los años 90 una planta subdimensionada vierte líquido crudo al lago Lácar. Hoy esa misma entidad admite que de fondo no se amplía la infraestructura desde 2008 y le pasa la pelota al Estado.
Mientras tanto, la intendenta del Parque Nacional Lanín tuvo que intimar al Municipio por la «extrema gravedad ambiental e institucional» de los vertidos en los arroyos Pocahullo y Calbuco, que terminan en el lago; y en diciembre de 2024 ya se había roto una cañería en una de las plantas (la PTEC-1). ¿Esa es la seriedad con la que pretenden planificar el San Martín de 2040? ¿Gobernar con marketing político mientras los servicios se caen a pedazos?
Lo planteo sin vueltas, y la pregunta es imposible de esquivar: ¿se puede planificar el crecimiento de una ciudad turística —más edificios, más densidad, más gente— cuando su propio prestador sanitario reconoce por escrito que el sistema cloacal ya opera al límite y vierte al lago en cada temporada alta? Lo vengo advirtiendo desde hace rato: el problema lleva unos veinte años, y en San Martín ya nos acostumbramos a algo insólito, a que el verano pueda empezar con la playa cerrada por líquidos cloacales que terminan en el lago.
Pero las cloacas son apenas la punta del ovillo. Lo de fondo es un atraso de décadas en el que la inversión nunca corrió detrás del crecimiento. Y vaya si crecimos: el departamento Lácar pasó de 29.748 habitantes en 2010 a 39.596 en 2022 según el INDEC, y eso que acá nadie se traga del todo ese número, porque hace años que duplicamos la población cada diez años y crecemos al doble que el promedio del país. La gente llegó. Los servicios, no.
Tomemos el gas. Desde julio de 2022 Camuzzi tenía frenadas las nuevas conexiones, así que hubo familias que durante más de tres años tuvieron la instalación lista y aprobada pero igual no podían encender una estufa con gas de red. Recién en enero de este año se empezaron a liberar. Y no lo decimos nosotros: la propia Provincia admitió que la inversión de Nación y de la concesionaria no acompañó el crecimiento. Vivimos en plena Patagonia, al lado de Vaca Muerta, y en los barrios de arriba se sigue calentando la casa con garrafa y leña.
Con el transporte pasa lo mismo. En febrero de 2024 la empresa lisa y llanamente cortó el servicio urbano porque el Municipio le debía plata. Antes habían quedado dos licitaciones desiertas, así que terminamos atados al único que se presentó. Hoy mover los colectivos cuesta unos 600 millones de pesos por día y se recaudan apenas 200; tenemos uno de los boletos más caros de la provincia y, aun así, las frecuencias se recortan cada vez que no cierra la caja. Con esa realidad encima, que nos vengan a hablar de «movilidad activa» y de una «ciudad para todos» suena a chiste para el que vive en la periferia y no tiene cómo llegar al centro.
Y la educación cuenta su propia historia de demoras. El Centro de Iniciación Artística N° 5, por donde pasan más de mil inscriptos, funcionó cuarenta y cuatro años sin edificio propio: recién en abril de este año la Provincia adjudicó la obra, con un plazo de doce meses. El mismo atraso venían arrastrando la Escuela Integral N° 3, que trabaja con jóvenes con discapacidad, y la ampliación de la EPET N° 21, hoy también en marcha. Bienvenidas sean esas obras; pero que una escuela tenga que esperar más de cuarenta años para tener su edificio dice todo sobre cómo se planificó —o no se planificó— esta ciudad. Y queda lo que sigue sin resolverse: más de 1.500 estudiantes de la provincia se quedaron sin vacante en las escuelas técnicas, San Martín entre ellos. ¿De qué ciudad del futuro me hablan si recién ahora empezamos a saldar deudas de hace cuatro décadas?
Una ciudad no se planifica desde un escritorio a más de 1.500 kilómetros del pueblo, por quienes no tienen idea de cómo vivimos. El problema es que hoy no pueden ni con el presente. No pueden con la basura, que es un asco en todo el casco urbano, y la Dirección de Obras Particulares funciona insólitamente en las oficinas de un gimnasio municipal por falta de espacio y de previsión. Tenemos sectores densamente poblados sin conexión a cloacas, y uno se pregunta qué sería de nosotros y del lago Lácar si todos esos hogares estuvieran colgados de una red que ya colapsó.
Sufrimos también la falta grave de agua en plena temporada y la ausencia total de gas en zonas periféricas. Está claro que necesitamos un orden, pero también es cierto que ya existen ordenanzas vigentes que no se cumplen y se esquivan según convenga; de lo contrario, no estaríamos en este lío en todo sentido.
Ahora nos presentan un proyecto preliminar del Plan de Ordenamiento Territorial que sentará los lineamientos para un nuevo Código Urbanístico, y en los medios se llenan la boca con «mesas de debate», «movilidad activa» y una supuesta «visión compartida para una ciudad diseñada para todos». Puras palabras lindas.
Armaron estas comisiones de consulta para, según dicen, saber qué piensa el pueblo, pero en ningún lado figura que lo que la comunidad exprese sea vinculante. Es maquillaje y una pérdida de tiempo: al no ser vinculante, nadie garantiza que alguien lea lo que aportamos, ni mucho menos que lo tenga en cuenta.
Si de verdad quisieran una «construcción participativa», el pasado 15 de abril, en el Salón Municipal, ante las declaraciones de los urbanistas estrella contratados, los funcionarios se hubieran parado a decir: «No, señores, los callejones no se están asfaltando», o «No, señores, no podemos arrasar la Vega Plana con la excusa de que la ley de humedales no se aprobó».
Eso hubiera sido una señal de que la gente les importa. Pero se quedaron calladitos, sentados, porque al final deciden a puertas cerradas. Tampoco dicen nada de que la Defensoría del Pueblo y el Organismo de Control Municipal advirtieron que la nueva estación de servicio sobre un mallín no tiene las factibilidades ambientales aprobadas y opera con una licencia «precaria», sin conexión a las redes básicas. ¿Esa es la protección de las zonas vulnerables de la que hablan en sus gacetillas?
Preocupa también ver cómo el Poder Legislativo se lava las manos. Escuchar en las sesiones a un concejal responderle a un vecino «sí, sabemos que estamos atrasados para poner los reductores de velocidad, pero a nosotros tampoco nos responden» es el colmo. ¿Esas son respuestas dignas de quienes tienen que controlarlo todo?
Si ya tienen todo cocinado, como se dice, dejen de tomarnos el pelo con reuniones de cotillón, porque hace rato que perdieron credibilidad. Hay que terminar con la complicidad de gobernar a pura excepción para blanquear privilegios según el peso del apellido o el tamaño del negocio.
El destino de San Martín de los Andes es demasiado importante para quedar preso de mayorías automáticas o de manos levantadas por disciplina partidaria, de espaldas a la realidad local. Queremos previsibilidad construida con transparencia, no un traje a medida de las excepciones de turno mientras el pueblo padece la falta de servicios básicos.
Valeria Oronoz
DNI 22.274.864
San Martín de los Andes, Neuquén
