Por Graciela Vázquez Moure

Mirta Graciela Acosta, siempre conocida en nuestra ciudad como Mirta Ciccioli, madre de Natalia, aquella niña que un 16 de enero de 1994 desapareció de nuestra localidad y nunca fue encontrada, falleció este 25 de junio.

Mirta fue una luchadora, durante décadas buscó a su hija, esa niña de 12 años desaparecida una tarde de verano, un domingo de enero.

En las entrevistas que mantuve con ella siempre mencionaba que nunca se cierra una etapa cuando alguien desaparece, cuando una hija no vuelve a su casa, cuando se la busca intensamente y nadie da respuestas.

Y entonces decía Mirta “pienso qué hubiera estudiado, si hubiera tenido hijos, qué pensaría al terminar la adolescencia” decía siempre con la mirada puesta en un pasado difícil de cerrar.

Nati tenía 12 años cuando desapareció de la ciudad, una ciudad con solo poco más de 16 mil habitantes, un lugar en que todos nos conocíamos y nada nos hacía pensar que algo así podía suceder.

Y ella con su esposo Miguel Ciccioli, fallecido hace unos años, nunca se detuvo, nunca dejó de pedir que la justicia siguiera algún rastro. Y como también decía, no dejaba de mirar por la ventana de su casa en el barrio El Arenal, con la esperanza de verla volver.

Hace tres años estuvo en la presentación del corto “La brisa que estremece los árboles” un film que contaba la historia, esa triste historia que signó su vida. Mirta estuvo en primera fila, serena, con la paz que le dio la experiencia, la tristeza, la vida misma. Abrazos y saludos de todos fueron recibidos con cariño, con resignación demostrando que nada podía superar lo vivido.

Solo unos líneas para recordarla como lo que fue una madre que buscó durante 32 años a esa niña que apenas había terminado la escuela primaria y que nunca más volvió de una salida al centro de la ciudad, esa tarde de verano.

Solo recordarla como lo que fue un ejemplo de resiliencia, como una mujer que comienza un nuevo viaje y que quizás en ese tránsito se encuentre con Nati, que seguramente la estará esperando