A pocos kilómetros de Aluminé, en pleno Parque Nacional Lanín, el lago Quillén combina bosques de pehuenes, playas volcánicas y una calma difícil de encontrar. Un destino cordillerano que invita a bajar el ritmo y descubrir la Patagonia más auténtica.

El lago Quillén ofrece una de las postales más impactantes de la cordillera neuquina, con el volcán Lanín reflejado sobre aguas cristalinas.

Apenas el camino comienza a internarse entre pehuenes, ríos transparentes y curvas de montaña, algo cambia. El apuro queda atrás y la cordillera empieza a marcar otro ritmo. A menos de una hora de Aluminé, en el corazón del Parque Nacional Lanín, el lago Quillén emerge como una de las postales más serenas y profundas del norte neuquino.

El viaje hasta Quillén ya anticipa lo que vendrá. La ruta atraviesa territorios de comunidades mapuches, bosques andino-patagónicos y pequeños parajes donde el paisaje todavía conserva una escala humana. De pronto, el lago aparece entre los árboles con sus aguas transparentes y el volcán Lanín dominando el horizonte.

Cuando el viento se calma, la montaña se refleja sobre el agua con una perfección casi irreal.

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