Hace dos décadas, un grupo de familias de nuestra ciudad decidió que la discapacidad no sería sinónimo de aislamiento llegada la adultez de la persona con discapacidad. Así nació Puentes de Luz, una asociación civil de padres y amigos que, con más corazón que recursos, empezó a construir un espacio donde sus hijos pudieran crecer, desarrollarse, trabajar y ser parte activa de la comunidad. Hoy, esa construcción de 20 años de amor y esfuerzo está en peligro real de cierre.

No somos una estructura estatal ni una bandera política; somos familias que nos pusimos al hombro lo que nadie más hacía. En San Martín de los Andes, cuando un joven con discapacidad finaliza su periodo educativo; que incluye la escuela especial, integral o secundaria si estuvo incluido, el Estado simplemente desaparece. Allí es donde Puentes de Luz se hace presente con su Centro de Día, un programa esencial que ni el Estado Nacional ni el Provincial desarrollan en nuestra localidad.

Durante estos 20 años, nos hemos negado a ser sujetos pasivos de la asistencia. Hemos trabajado incansablemente para ser autosuficientes: pusimos en marcha “Sabor Natural” para que nuestras mermeladas llegaran a cada mesa, abrimos el local en el Aeropuerto Chapelco, llevamos nuestro Food Truck a la Plaza Centenario con un café al paso, tejimos alianzas con el sector privado y organizamos eventos científicos y sociales emblemáticos para generar recursos propios entre otras acciones. Lo hicimos para que cada persona que cruza nuestra puerta reciba atención de manera totalmente gratuita.

Sin embargo, hoy la angustia nos desborda. La ausencia y la total indiferencia del Estado Nacional para afrontar esta problemática y la vulneración sistemática de los derechos de las personas con discapacidad nos han empujado a un límite extremo. No pedimos privilegios; exigimos que el Estado cumpla con su obligación legal e indelegable de pagar por servicios que ya hemos brindado con excelencia.

Del mismo modo valoramos las ayudas que hemos recibido a lo largo de estos 20 años del Estado Provincial, ayudas que en su momento han sido sustanciales y hoy serían vitales para nuestra proyección mediante el acompañamiento, como lo han hecho otros Estados Provinciales sosteniendo a las organizaciones y reconociendo la vital función que cumplen en un ámbito donde el Estado no es idóneo.

El contexto actual ha vuelto económicamente inviable nuestro funcionamiento. La fuerte desactualización de los aranceles y la deuda acumulada de programas nacionales como Incluir Salud, que adeuda pagos desde noviembre de 2025, nos han empujado a un límite extremo.

“No somos un número en una planilla, somos vidas que dependen de este hilo” es el sentimiento que hoy recorre a nuestras familias. La incertidumbre financiera amenaza con destruir un modelo de inclusión que es ejemplo en la región.

Hacemos un llamado a la empatía de los funcionarios y a la memoria de nuestra comunidad. No permitamos que 20 años de historia se pierdan por la indiferencia. Somos actores sociales que estamos en peligro, y con nosotros, el futuro de muchos adultos con discapacidad que no tienen otro lugar a donde ir.