“Era un uniformado con capa de tela; es un atuendo poco frecuente, yo lo conozco porque mi papá era de Gendarmería y usaba ese tipo de prendas”, dijo la última testigo que declaró hoy en el juicio por delitos de lesa humanidad que se lleva a cabo en Neuquén. La mujer describó al jefe de Gendarmería, Emilio Sacchitella, cuando fue a buscar al hospital de San Martín de los Andes, a una de las víctimas de este proceso. «Después supe quién era», respondió ante algunas consultas.

En la audiencia del lunes 16 de marzo, los testimonios profundizaron en la detención ilegal que padeció un grupo de profesionales que vivían entre 1976 y 1978 en San Martín de los Andes; que habían llegado en busca de oportunidades laborales o de lugar diferente a Buenos Aires para vivir.

Estimaron que en ese momento, la localidad no tenía más de 5.000 habitantes. Y tras las detenciones y el señalamiento como subversivos, fue muy complejo volver a trabajar en la localidad: no conseguían trabajo, no les renovaban los contratos o les pagaban el 20 por ciento de lo que se había acordado por la labor profesional.

En 2026, con la publicidad de sus casos en este juicio y los detalles de las torturas en la zona de la cordillera, algunas de las declarantes solicitaron no ser identificadas, por el hostigamiento previo que hubo en comentarios de redes sociales. “Como antes”, cuando la represión tenía el acompañamiento cívico y padecían señalamientos.

Acusados de guerrilleros

Una de las primeras mujeres que declaró ayer le aclaró a los jueces que “El EPEN comprobó que no hubo sabotaje” por el corte que hubo de la transmisión del inicio del mundial en 1978, situación que presuntamente les achacaban para mantenerlos cautivos en Gendarmería, tanto en San Martín como en Junín de los Andes.

 “Cuando me sacaron de Gendarmería -en San Martín- y me subieron al camión Unimog, pensé que me iban a matar”, dijo otra de las víctimas, psicóloga.

El destino fue el Escuadrón en Junín. Estuvo siete días detenida, sometida a interrogatorios vendada o esposada a una cama hasta que la liberaron. A los que estaban en la misma condición, los llevaron a Neuquén capital, a la ex U9 y a la alcaidía. En Junín “Miguel Cil estaba alrededor de nosotros cuando nos interrogaban”, dijo en referencia a otro de los gendarmes imputados en este juicio.

La comisaria 23 fue un lugar de cautiverio ilegal en 1976

“Las celdas no daban a la calle, estaban al fondo de dos pasillos, había que pasar por un recodo” en el edificio, describió una de las mujeres que permaneció detenida en la comisaría de San Martín de los Andes los primeros días del golpe cívico militar, en marzo de 1976.

Detalló que eran tres las celdas, en una había mujeres, en otra hombres y en la tercera estaba solo un vecino que identificaron como Carlos Pérez, a quien le mojaban el piso para que no pudiera descansar.

Stella se había recibido de arquitecta en la UBA, también estudió en La Plata y llegó a San Martín de los Andes dejando atrás la participación política en la Juventud Peronista (JUP).

El día del golpe de Estado su casa fue rodeada y se la llevaron junto a su esposo y a su bebé de cuatro meses. Estuvieron unos 10 días detenidos y “no nos decían por qué estábamos ahí , solo nos dijeron que estábamos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN)”, dijo. Hubo interrogatorios a cargo de un militar.

En 1979, cuando el presidente de la Junta Militar, Jorge Videla estaba de recorrida, la volvieron a detener y en aquella oportunidad, la llevaron a una casita de Gendarmería en Junín de los Andes, sin explicaciones.